Dicen por ahí que la guindilla es la salsa de la vida, y si no lo dicen, lo digo yo. No hay duda de que yo me "enganchado" a este alimento, con la experiencia que te da la madurez. Esos sabores que van cambiando con la edad, me han hecho caer en la tentación de aderezar las lentejas o las alubias con una generosa ración de guindillas picantes.
Bien es cierto, que hasta no llegar a este país y saber lo que era una buena alubiada con sacramentos, nunca antes se me había ocurrido meterme a la boca una explosión de vinagre. Pero por estos lares, son muy dados a los encurtidos. Digo yo que será por el calorcillo que proporcionan estos alimentos, que sirve para soportar los tristes y fríos inviernos.
Bueno, pues este fin de semana pasado me topé con la grata sorpresa de la venta al peso de guindillas frescas. ¿Dónde? ah, pillines, pues no en cualquier sitio. A mí que me pirran los mercados de abastos, con sus puestos de verduras brillantes y tersas, los de carne con ese brillo sonrosado de la sangre, los de marisco fresco, oliendo a mar, los de especias, siempre tan misteriosos, los de embutidos, uf los de embutidos, qué peligro para el cuerpo! ¿por qué hay tantas clases de quesos, jamones o chorizos? es que así no hay quien se resista. O los puestos de pescado, tan surtidos y frescos. A mi me dejan en la puerta de un mercado de estos y soy más feliz que una quinceañera en un centro comercial. Y es que tengo alma de maruja, siempre lo digo, y que dios me la conserve!
Ah, y volviendo a lo nuestro. Que este fin de semana pusieron un mercado agrícola en mi pueblo, y es que no sé qué les pasa a estos del Ayuntamiento que nos tienen en un estres de actividades, que no hay fin de semana que no hayan montado una carpa, un escenario o un cross. No sé, deben ser los únicos a los que todavía les queda dinero para fiestas, porque el resto del universo está más pelado que la cabeza de Kojak.
Bueno, pues eso. Que arrastré a mi hijo hasta el mercado agrícola con la intención de gastarme unos euros en productos.. diferentes. Y fue allí donde me encontré las guindillas frescas. Y yo que soy una animada, le compré una bolsa a cambio de una receta. El aldeano de turno me dijo que las guindillas fritas se hacían exactamente así:
Bien es cierto, que hasta no llegar a este país y saber lo que era una buena alubiada con sacramentos, nunca antes se me había ocurrido meterme a la boca una explosión de vinagre. Pero por estos lares, son muy dados a los encurtidos. Digo yo que será por el calorcillo que proporcionan estos alimentos, que sirve para soportar los tristes y fríos inviernos.
Bueno, pues este fin de semana pasado me topé con la grata sorpresa de la venta al peso de guindillas frescas. ¿Dónde? ah, pillines, pues no en cualquier sitio. A mí que me pirran los mercados de abastos, con sus puestos de verduras brillantes y tersas, los de carne con ese brillo sonrosado de la sangre, los de marisco fresco, oliendo a mar, los de especias, siempre tan misteriosos, los de embutidos, uf los de embutidos, qué peligro para el cuerpo! ¿por qué hay tantas clases de quesos, jamones o chorizos? es que así no hay quien se resista. O los puestos de pescado, tan surtidos y frescos. A mi me dejan en la puerta de un mercado de estos y soy más feliz que una quinceañera en un centro comercial. Y es que tengo alma de maruja, siempre lo digo, y que dios me la conserve!
Ah, y volviendo a lo nuestro. Que este fin de semana pusieron un mercado agrícola en mi pueblo, y es que no sé qué les pasa a estos del Ayuntamiento que nos tienen en un estres de actividades, que no hay fin de semana que no hayan montado una carpa, un escenario o un cross. No sé, deben ser los únicos a los que todavía les queda dinero para fiestas, porque el resto del universo está más pelado que la cabeza de Kojak.
Bueno, pues eso. Que arrastré a mi hijo hasta el mercado agrícola con la intención de gastarme unos euros en productos.. diferentes. Y fue allí donde me encontré las guindillas frescas. Y yo que soy una animada, le compré una bolsa a cambio de una receta. El aldeano de turno me dijo que las guindillas fritas se hacían exactamente así:
Ingredientes: - Una mesa llena de comensales con hambre. - Una sartén con aceite de oliva - Un puñadito de sal. Preparación: - Se espera a que los comensales estén hambrientos - Acto seguido se frien las guidillas en el aceite caliente - Se sirven en la mesa con una pizca de sal - Se comen sin dilación.
Así de difícil es este plato, ya veis. Pero claro, no era cuestión de meterse entre pecho y espalda un kilo de guindillas fritas, así que decidí embotar el resto. ¿Y a quién le pedí consejo? a quien va a ser, a mi querida Nerea, que desde las tierras de Markina nos envía esta complicada receta del embotado de las guindillas en vinagre:
Se limpian las guindillas, se colocan bien estiraditas una al lado de otra en un tarro de cristal hasta llenarlo. Se cubren de vinagre (alta graduación 8%, blanco) y se cierra el frasco. Se dejan reposar mínimo 2 semanas antes de comerlas.
Teniendo en cuenta la dificultad de la preparación no sé si seré capaz Nere, pero te prometo que me armaré de paciencia y me pondré manos a la obra.
Bueno, pues eso, ya veis que lo único difícil de esta receta es conseguir las guindillas. Aprovechar ahora que es la época y ya me contaréis qué tal el resultado.
Bon apetit!
Se limpian las guindillas, se colocan bien estiraditas una al lado de otra en un tarro de cristal hasta llenarlo. Se cubren de vinagre (alta graduación 8%, blanco) y se cierra el frasco. Se dejan reposar mínimo 2 semanas antes de comerlas.
Teniendo en cuenta la dificultad de la preparación no sé si seré capaz Nere, pero te prometo que me armaré de paciencia y me pondré manos a la obra.
Bueno, pues eso, ya veis que lo único difícil de esta receta es conseguir las guindillas. Aprovechar ahora que es la época y ya me contaréis qué tal el resultado.
Bon apetit!








