27 ago. 2009

En Alicante, el Hotel del Alba y la playa de San Juan


Después de tanto tiempo yendo y viniendo de Alicante, siempre acabo en el mismo sitio, en la playa de San Juan. Es demencial cómo se pasan por el arco de trajano la ley de costas los políticos en el Levante. Es muy triste ver que año tras año se siguen construyendo monstruosas urbanizaciones a 5 cm del mar, ¿Es eso legal? pues si estás bien recomendado parece que sí es legal, ya ves tú.

El caso es que después de recorrer las playas de Alicante, con el corazón encogido por ver los recuerdos de mi infancia violados y destruidos, vuelvo arrastrando los pies a uno de los pocos sitios donde no tengo que pegarme por conseguir un hueco cerca de la orilla. Hablo del territorio comanche entre la playa de Muchavista y la playa de San Juan. Parece tierra de nadie, es curioso. Si miro a la derecha veo una aglomeración de gente monstruosa, si miro hacia la izquierda algo parecido. ¿Qué hace que esa franja esté tan poco poblada de bañistas ansiosos por disfrutar del Mediterráneo? Muy sencillo, no tienen un parking a pie de playa y tienen que andar unos 300 m hasta donde han dejado el coche: bendita comodidad de los turistas, que nos permiten a los demás encontrar ese espacio tan preciado!

Además, la playa de San Juan es inmensa, o al menos, a mí me lo parece. Yo que suelo repantigarme en la toalla entre baño y baño, me agoto de ver a cientos de personas que con paso firme se empeñan en desgastar la orilla con sus pisadas. Y digo yo, ¿qué se les ha perdido con tanta vuelta? Algunos van a paso militar: mirada al frente, estómago prieto, zancada decidida (son los peores, porque aniquilan mi estado de relajación con tanta prisa). Otros van de charleta y ni se fijan si pisan a un niño, te llenan de arena o te mojan al pasar, ¡por favor, están de vacaciones!. También están los exhibicionistas, ¿de qué sirven tantas horas de gimnasio si luego no lo ve nadie? eh? eh?, hay que lucir body sea como sea, y para esto, la playa de San Juan es auténtica. Los últimos son los avistadores, no se pierden una teta fuera del sitio o un tanguilla juvenil en 50 m a la redonda, ¿para qué van a la playa sino?

En fin, y entre tanta fauna, ahí estoy yo, friéndome en la toalla y deseando volver al agua nada más secarme el sol. Qué le voy a hacer, la edad no perdona y cada año me cuesta más el vuelta y vuelta playero. Me decanto por la cervecita fresca y la maravillosa siesta vacacional. Ummmm

Y volviendo al tema del post, el Hotel del Alba. Pues he de deciros que llevamos dos años visitando este hotel. Está alejado del bullicio veraniego, lo que para mí es una ventaja, desde luego. Las instalaciones son estupendas, tienen una piscina preciosa, un pequeño spa gratuito, unos desayunos para tumbar al más selecto y al más hambriento. Y por si fuera poco, las camas de matrimonio son infinitas, ves dónde empiezan pero casi no ves dónde acaban. Si van con niños te meterán en una suite junior que es una pasada: dos baños, saloncito independiente... Para los amantes del golf, pues hay un campito de golf y una pequeña escuela de golf, donde puedes praticar (yo ni intento, ni me interesa, pero allí está)

Además, con el tema de la crisis, este año han ajustado mucho más los precios y la relación calidad-precio es muy buena. Sin duda, y si el bolsillo nos lo permite, volveremos al año que viene. El Hotel del Alba merece la pena.

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