18 jul. 2009

Las pelotas de mi madre… en el cocido madrileño.

(Digo cocido madrileño para que sepáis de qué hablo, pero en realidad de madrileño tiene poco, para nosotros es cocido y punto).

Mira tú por donde que este verano me ha dado a mí por los potajes, qué le voy a hacer, tendréis que esperar al invierno para probar las recetas, o sufrir la gota gorda engullendo un buen caldo, mientras el sol nos cuece hasta los sesos.

Volviendo al título de mi artículo, es una frase con doble sentido pero ambos dos son auténticos. Mi madre, mujer con mucha energía y mucho garbo, capaz de subir montañas y desbrozar selvas, tiene una mano para la cocina que ya la quisiera yo. Más que nada porque en las comparaciones, mi hijo, con mucha pena por mí, siempre se decanta por la comida de la Yaya. Y no hay manera, por más que yo insista en que aquí no encuentro los ingredientes, el estómago de mi niño lo tiene muy claro: las pelotas de la Yaya son las mejores del mundo.

Así que, sea invierno o verano, siempre que vamos a casa de mis padres, mi madre nos deleita con su cocido con pelotas. Y en honor a esta receta tan casera, tan sabrosa y tan contundente, la voy a dejar por escrito para que no se pierda nunca.

Para el que no se haya enterado todavía qué son las “pelotas” le diré que son albóndigas de tamaño de un puño. Vamos, te comes un “pelotazo” y ya no puedes más. El secreto del “relleno” como lo llaman en otros lugares, es la combinación de los ingredientes.

Pero no me voy a adelantar, vayamos por partes.

Prepararemos un cocido para una multitud, y luego congelaremos lo que nos sobre porque queda estupendo. Bien, tendremos que comprar:

Para las pelotas:
¼ de carne de ternera
¼ de carne de magro-cerdo
¼ de panceta
3 salchichas blancas
1 blanco (es una especie de chorizo muy Mediterráneo, así que olvídate de encontrarlo en tu carnicería habitual)
La miga de un pan gallego de ½ kg (del día anterior a poder ser)
Perejil, sal, pimienta y piñones.

Para hacer el caldo:
Un hueso de ternera (a poder ser que no esté loca)
Una porción de pollo de corral (de ese color amarillento tan poco atractivo)
½ kg de zancarrón (o carne para guisar)
Un blanco (otro más)
Una morcillita de cebolla
Un buen puñado de garbanzos que habremos puesto en remojo el día anterior
Apio, nabo, puerros, un par de patatas, vainas y alguna zanahoria.
Colorante y sal.

Para el arroz, si en vez de sopa hacemos arroz:
Unas ramitas de perejil
Un tomate maduro.

Bueno, pues ponemos todos los ingredientes para hacer el caldo al fuego. Tenemos dos opciones: usar la olla rápida o dejar cocer toda la mañana como lo hacían nuestras abuelas. El resultado ya lo sabéis, no os lo tengo ni que decir.

En fin, cuando está el caldo hecho, es momento de ponerse con los “pelotazos”. Antes de nada, habrás pedido al carnicero que te pique todos los ingredientes. Con el caldo del cocido mojas la miga de pan, lo juntas todo amasando bien (es la parte que más me gusta, cuando te pringas bien con la grasa de la carne!!). Una vez están todos los ingredientes bien mezclados, le das forma de pelotas de tenis y las metes dentro de la olla y las dejas cocer otros 20’ más menos. Y ya tenemos el cocido finiquitado.

A nosotros lo que más nos gusta es hacer un arroz con el caldo, siendo de Alicante, no podría ser de otra manera! Para hacer ese arroz, se pone una paellera con aceite de oliva al fuego, se coloca un tomate maduro partido en dos a freír, vuelta y vuelta. Se echa el arroz, se remueve un poco, después el caldo y encima, las hojas de perejil que le dan un sabor especial.

Se saca a la mesa el arroz por un lado y los sacramentos con las verduras y garbanzos por otro. Riquisísimo, de verdad!!

Ver otros artículos similares: De tapas por Alicante, Acercándonos a la fideguá

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