29 jun. 2009

El Camping Château-Galinée en les Côtes d’Armor


Yo pensé que ya lo había visto todo en los campings franceses, pero una vez más, me equivoqué. No me queda otra, tengo que decir que los franceses son raros, raros, raros.
Ayer, cuando llegamos a las seis de la tarde, después de andar de aquí para allá haciendo turismo me encontré un panorama un tanto surrealista.

Después de pasar por recepción nos colocaron a todos la típica pulsera horrible que no te puedes quitar ni para mear. Que no lo entiendo, porque si estuviéramos en un todo incluido, tendría su razón de ser, pero aquí, lo único que no pagas es la piscina, el resto, vayan los euros por delante que estamos en crisis. Encima, discretita por demás, un verde fosforito, para que al pasear por la calle vayas cegando a todo el que se cruce contigo. Eso sí, no tendrá ninguna duda que estamos de vacaciones en el camping Château-Galinée!


Esta vez, habíamos reservado “une roulotte” muy mona, por cierto. La recepcionista muy amable, nos acompañó hasta la “location” y nos dio paso al interior. Lo que me encontré me dejó alelada, ¡vaya curro de gilipollas! Y perdonad la expresión, pero es así. Todo el menaje de la cocina estaba amontonado encima de la mesa para que fuera tachando de la lista que me había dado, los utensilios que había. Le pregunto angustiada si no hay espacio en los armarios para guardar la vajilla, y muy risueña me suelta un “bien sûr”, pero que el día de mi marcha he de volver a sacarlo todo y dejarlo allí encima otra vez ¿Soy yo, o me parece una sandez sin precedentes?

Por supuesto le digo que no pienso ponerme a contar los vasos o las cucharas, y que si me quiere cobrar un plato cuando me marche que me lo cobre, pero no tengo ninguna gana de ponerme a hacer este trabajito extra de bienvenida. Me mira con cara risueña, con lo cual deduzco que por mi spanish-french, no me ha entendido ni pamplona. En fin, sin perder la compostura me pongo a organizar el desmadre. Los niños, por supuesto, disfrutando de la piscina. Es lo bueno de ser niños, que te importa un rábano si la vajilla está amontonada en la mesa o guardada en los armarios. Felices criaturitas.

Esta mañana nos la hemos tomado de relax (de ahí que tenga tiempo para escribir estas chorradas), y he de reconocer que el spa está de lujo. Menos mal que le estamos sacando un poco de jugo a la estancia. Ahora os dejo, me voy a preparar para arrastrar a los rebeldes hasta Dinan. Tiene pinta de ser muy bonito. Ya os diré.

À bientôt!

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