Cuando todavía están frescos los colores, los olores y los paisajes del Valle de las Batuecas, voy a escribir este post. Las Batuecas para el que no tenga muy claro dónde ubicarlo queda al norte de las Hurdes cacereñas y al sur de las tierras salmantinas. Situado en plena Sierra de Francia, se halla el espacio natural de Las Batuecas. Estos últimos años, acabo de una manera u otra, volviendo a estas tierras duras y resistentes que todavía guardan con celo sus tesoros naturales.
En esta ocasión, nos alojamos en la Abadía de los Templarios (ya os hablaré de ella más adelante) y ayer, decidimos adentrarnos en las entrañas del Valle de la Batuecas, guiados casi exclusivamente por el discurrir del río Batuecas, valga la redundancia. En busca de las pinturas neolíticas que esconden los múltiples abrigos, comenzamos el camino y descubrimos mucho más que arte rupestre. Mariposas de mil colores y tamaños, libélulas eléctricas, tejos, encinas, cipreses y pinos mediterráneos, eso es lo que nos acompañó todo el recorrido.




