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9 jul 2009

Ibiza, puesta de sol en el Café del Mar (San Antonio)


Ir a Ibiza y no ver la puesta de sol desde el Café del Mar es como ir a París y no pasar por la Torre Eiffel, con la salvedad de que la Torre Eiffel es un monumento soberbio que te deja sin habla, y la puesta de sol en el Café del Mar es un burdo reclamo turístico que no hay por dónde cogerlo.

Aconsejo a los pro-Ibiza incondicionales que dejen de leer este post, porque no les va a gustar nada de na, como dice la canción.

Seguimos. Cuando te dicen que entre 300 y 500 personas se reúnen desde hace años en un punto determinado de Ibiza para ver la puesta de sol, deduces que tiene que ser algo realmente especial. No sabes bien si es por el paisaje que se divisa desde allí, por el ambiente chill-out de los baretos en cuestión o por qué, pero tiene que ser bárbaro.

6 jul 2009

Daroca y el Hotel CienBalcones (Aragón y el mudéjar)

Antes de entrar en faena y hablar de Daroca y del Hotel CienBalcones, he de aclarar mi pasión por esta tierra.

No recuerdo cuándo, ni cómo, empecé a sentir una atracción fatal hacia el arte mudéjar. Seguramente fue en algún viaje, por las tierras de Aragón, transitando todavía por carreteras nacionales y comarcales, que es cuando se aprecia realmente la vida de los pueblos. Mis recuerdos son de calor, tierra roja y destacando siempre, hermosos campanarios mudéjares. En cada pueblo, más de lo mismo. En aquel momento de mi vida, y muchas veces después, siempre he anhelado preparar una ruta siguiendo el arte mudéjar en Aragón. Desgraciadamente, todavía no he cumplido mi propósito, pero sigue presente en mi lista de viajes pendientes. He ido salpicando pueblos, de aquí para allá, como es el caso de Daroca, pero algún día, sin prisas, recorreré las tierras aragonesas que tantos tesoros tienen para mostrar.

No es la primera vez que estoy en Daroca, pero sí que hoy la veo con ojos diferentes. Es un pueblo pequeño, pero muy hermoso. Rodeado de fuertes murallas, con imponentes puertas que delimitan a la perfección la entrada y la salida, acoge con orgullo varias iglesias mudéjares de glorioso pasado. En sus calles encontraremos tiendas cerradas que son un lánguido recuerdo de su otrora esplendor, pero que conviven con los nuevos comercios que dan vida al núcleo urbano. Siempre cruce de caminos, enclave importante de rutas reales y comerciales, Daroca intenta sobrevivir como otros muchos pueblos aragoneses.

Y fue por eso, un alto en el camino, que acabamos de nuevo entre sus murallas. Llegamos en el ocaso del día, cuando el calor remite y el cielo se tiñe de naranja. Es el momento de salir a la calle, con la fresca, a compartir la charla con tus amigos, a tomar una caña o simplemente a pasear un rato. Y es así cómo encontramos el Hotel CienBalcones. Su terraza de verano estaba muy animada, pero sin chillidos estridentes, buen ambiente, disfrutando de la suave brisa que nos regalaba el final del día.

El hotel es de tres estrellas, pero es realmente fantástico. Se han esmerado mucho en la decoración y el servicio es excelente. Las habitaciones (al menos la nuestra, una doble superior) era muy amplia, con una distribución novedosa y de un hotel con más categoría. Sólo echamos de menos un minibar en la habitación, ya que semejante calor te obliga a beber a todas horas.

Aprovechando la atractiva terraza del hotel decidimos picar algo allí mismo, y para sorpresa nuestra, tenían una carta con comida ligera muy maja: bocatas, sandwinchs, ensaladas, tostadas… todo muy bien presentado, con calidad y cantidad. Absolutamente recomendado!

Después de una noche de descanso estupendo, el desayuno fue más bien discreto, poca variedad, pero en su favor, he de decir que la bollería era recién hecha. Muy rica. Fuimos a recoger nuestro coche al parking, y de nuevo en ruta. Hasta la próxima parada!

Ver otros artículos similares: Hotel Spa Ciudad de Teruel

1 jul 2009

Le Mont Saint Michel, la niña bonita de la Normandie.


Bueno, pues no quería marcharme sin visitar Le Mont St. Michel. Estaba tan cerca, que hubiera sido un crimen no acercarnos hasta allí.

Por un día, el sol se escondía entre las nubes, así que lo que nos encontramos al llegar, fue una abadía rodeada de una neblina blanca que le daba un aire más peculiar si cabe. La verdad es que es un monumento impresionante, su ubicación le hace extraordinario. El problema surge cuando te topas con dos millones de coches (y otros tantos autobuses) aparcados en el inmenso relleno que han preparado como parking. Eso de entrada, te tira un poco para atrás. Si encima, cuando entras al recinto, sucumbes a una riada de turistas que como tú, cámara en ristre, pretenden captar hasta el último rinconcito del lugar, pues te vas desanimando, que queréis que os diga.

29 jun 2009

El Camping Château-Galinée en les Côtes d’Armor


Yo pensé que ya lo había visto todo en los campings franceses, pero una vez más, me equivoqué. No me queda otra, tengo que decir que los franceses son raros, raros, raros.
Ayer, cuando llegamos a las seis de la tarde, después de andar de aquí para allá haciendo turismo me encontré un panorama un tanto surrealista.

Después de pasar por recepción nos colocaron a todos la típica pulsera horrible que no te puedes quitar ni para mear. Que no lo entiendo, porque si estuviéramos en un todo incluido, tendría su razón de ser, pero aquí, lo único que no pagas es la piscina, el resto, vayan los euros por delante que estamos en crisis. Encima, discretita por demás, un verde fosforito, para que al pasear por la calle vayas cegando a todo el que se cruce contigo. Eso sí, no tendrá ninguna duda que estamos de vacaciones en el camping Château-Galinée!

Carnac, impresionante


Digo impresionante, porque nunca jamás pensé que iba a ver lo que vi.

Si con algo disfruto en esta vida es tropezarme en mis viajes con retazos de viejos apuntes escolares. Y no hablo de lo aprendido en EGB (porque yo soy de las de EGB!) esos años pasaron sin pena ni gloria. Salvo, si cabe, el Padre Nuestro y el Ave María, que aprendí en mi etapa preescolar con aquella bruja, resultado de la educación franquista del momento. Todavía hoy me resulta sorprendente, que después de tantos años de educación laica, conserve en la corteza cerebral estrofas completas de estos poemas religiosos. Es toda una incógnita.

Pues hoy puedo y quiero reconocer, que la educación que recibí en el Instituto Público Virgen del Remedio, marcó enormemente el resto de mi vida. (para bien, pienso yo!) Hay profesores a los que nunca he olvidado, porque me enseñaron de verdad, porque aprendí mucho con ellos y les estoy muy agradecida. Quien me conoce, ya imaginará que soy incapaz de recordar sus nombres, pero si cierro los ojos, veo sus caras, sus gestos, su forma de dar clase, lo revivo todo sin ningún problema. Como veis, era una chica aplicada, que “disfrutaba” de mis estudios.

En especial me quedo con mi profesor de literatura, la tutora de francés y fuera de todo pronóstico, con mi profesor de Historia del Arte. Si mi memoria no me falla, su charla era bastante monótona, y nos metió en la cabeza tal cantidad de fechas, datos y nombres, que jamás pensé que fuera a recordarlos tan claramente.

Es por eso que cuando viajo, me asaltan informaciones almacenadas en mi memoria, como es el caso de Carnac. Cuando preparé este viaje lo hice de forma que Carnac entrara dentro de mi ruta, tenía que ir allí. Entre los viejos recuerdos sobre la prehistoria, siempre acuden a mi mente Lascaux, Carnac, Stonenhen o Altamira, entre otros muchos. Bueno, pues la imagen que yo tenía de lo que iba a encontrar allí, no tiene ningún parecido con la realidad.

Yo esperaba encontrar un centenar de menhires más menos, en un determinado orden. Y lo que vi cuando llegué, fueron varias alineaciones de menhires (exactamente 1.099) que ocupaban alrededor de un km de largo. ¿Cómo se digiere esto? Para mí el impacto visual fue tremendo, porque no lo esperaba, y mejor así.

Los niños no entendían porqué estaba tan entusiasmada por un montón de piedras colocadas en el suelo. Yo intentaba explicarles que después de veinte años (y más), estaba viendo lo que había estudiado en mis libros escolares. Intenté que fijaran la imagen en su mente, porque ellos iban a hacer el camino inverso, primero lo veían y luego lo estudiarían. Pero como suele ocurrir, no le encontraron mayor utilidad. Qué le vamos a hacer, son otros tiempos y hay otras oportunidades, qué maravilla.

Me ha encantado visitar Carnac, volveré, algún día volveré.

26 jun 2009

El Golfo de Morbihan y el camping Domaine d’Inly, la Bretagne!


Bueno, parece que por fin lo he conseguido. Llevo tanto tiempo deseando venir a la Bretaña francesa, que no quepo en sí de gozo! (con que poquito me conformo, ¿verdad? Soy tan simple…)

Aunque parece un poco repetitivo, el camping está “chapeau”! Chic@s, es que hay mucha cultura de campings en este país, y el listón está realmente alto. Esta vez nos han colocado en el último “cotagge” de la fila. Y cuando digo último, es que no hay más, sólo bosque. Tenemos unas vistas increíbles a un pequeño lago, propiedad del Domaine d’Inly. Cada noche, el sol se pierde entre los árboles del fondo, tiñendo de un naranja oscuro sus tranquilas aguas. Si consiguiera que los mosquitos establecieran una tregua, ahora mismo estaría en la terracita acaparándolo todo con la mirada. Pero como los mosquitos del lugar saben muy bien cuál es su territorio lo defienden con uñas y dientes, y a mí no me queda otra, que ver la puesta de sol desde la barrera, el interior del cottage.

La Rochelle y el Camping Sequoia Park


Antes de nada dejar constancia que esta parada la hice exclusivamente por los niños. Ni que decir tiene, que tanto tiempo de tumbona en tumbona, al tercer día, a mí ya me tiene aburrida. No obstante, el parque acuático que tenía el Sequoia Park era espectacular: varias piscinas, varios toboganes, un río de agua templada, etc etc etc.. y quise hacerles una gracia.

Ciertamente, el “cottage” también era de primera, limpio, nuevo y muy bien acondicionado. Y encima, estaba en los terrenos de un castillo, que eso da mucho caché. Si los antiguos dueños levantaran la cabeza la volverían a hundir de inmediato. Si vieran sus cientos de hectáreas totalmente parceladas y sembradas de cajones prefabricados, morirían de estupor! Y ya no te digo nada, si asistieran cinco minutos a una de las animadas “soirés” donde docenas de ingleses y holandeses quemados por el sol, animan a sus retoños a subir al escenario para bailar cualquier horterada del momento.

Le Dune de Pyla y el camping Panorama Pyla


Como muchos ya sabéis, ayer empezamos nuestro periplo por el país galo. Vale, pues nuestra primera parada sería Arcachon, para poder disfrutar de la duna más grande de Europa: le Dune de Pyla.

La primera alegría me la llevé nada más pisar tierra francesa, es lo que tiene la emoción de las vacaciones, te atonta. Paramos unos kilómetros antes de nuestra meta en un área de descanso. Yo sinceramente no recordaba los olorosos agujeros negros que sustituían a los inodoros del siglo XXI, así que cuando entré en el habitáculo en cuestión, me quedé impactada por la visión, momento que aprovecharon las ladinas gafas de sol para escurrirse de mi cabeza y colarse certeramente por el foso del horror. Se me quedó una cara de lerda, que para qué contar. Menos mal que no eran marca Yves St. Laurent o Crhistian Dior, sino que eran de “flu-flu” y me habían costado cuatro perras. Así que el duelo duró poco y para solventar el inconveniente le confisqué hasta nueva orden las gafas al amigo de mi hijo, Endika. Mi aspecto era un poco raro, pero como aquí no me conoce nadie, no problema.