21 jul. 2011

Turismo en Brighton, el Royal Pavilion de Jorge IV y el Kings Hotel


Lo primero comentar que cambia mucho la película  visitar Brighton con lluvia a visitar la ciudad con sol. Por experiencia te cuento que un día lluvioso en Brighton se convierte en un temporal en la costa, imposible de acercarse al mar. Los vientos en el sur de Inglaterra son absolutamente brutales. Sin embargo, el sol presenta la ciudad con todo su esplendor, para disfrute y alegría de sus visitantes.

Brighton fue un importante centro balneario del XIX y eso se aprecia en cada rincón de la ciudad. Edificios señoriales, restos arquitectónicos de una época brillante, hoteles impresionantes a orillas del Atlántico… Por supuesto, domina la ciudad el Palacio de Jorge IV como sacado de las mil y una noches: el Royal Pavilion. Este palacio de estilo oriental, con muchos detalles inspirados en la India y China, es el resultado de los delirios de grandeza del que fuera príncipe de Gales. De verdad me asombra la imaginación que podían llegar a tener estos hombres, porque hay algunos elementos que no los hubiéramos podido diseñar ni en sueños. Yo me quedo con la cocina (y es que la cabra siempre tira al monte) y el cuarto de baño del Rey, con un mini-spa de la época que ríanse los actuales.

El segundo punto fuerte de la ciudad es el muelle de Brighton Pier, famoso por aparecer en muchas películas. Es un brazo de mar de estructura metálica convertido en el reino de los ludópatas. Tiene su qué recorrerlo en una mañana soleada, desde luego, (aunque mejor bien desayunado, después del típico breakfast inglés). Porque es un antro de perdición para golosos y ludópatas. Reina el azúcar, el chocolate y las máquinas tragaperras. Interesante ciertamente.
Pero la parte que más me gustó fue el laberinto de calles de Lanes. Callejear por Lanes es una delicia. Imposible al recorrer sus angostas callejuelas no recrear en la mente lo que fue el centro neurálgico de la ciudad. Ahora reconvertido en área de shopping, fue el comienzo de un bullicioso Brighton, importante y destacado.
Y si el día que lo visites se pone tonto y el temporal no te deja acercarte al mar, tienes una larga calle comercial para gastar, consumir y comer. Todas las tiendas del mundo, para todos los bolsillos. Pero si has tenido suerte y luce el lorenzo, quizás te apetezca recorrer el paseo costero lleno de puestos de comida (curiosa la venta de marisco para picar), bancos para disfrutar del día, juegos infantiles o hamacas de rallas blancas y azules.
Que no se me olvide decir que los huéspedes de honor con presencia permanente y descarada en Brighton son las gaviotas. Revolotean como Pedro por su casa en cualquier rincón de la ciudad, aunque no estemos en la misma costa. Allí campan a sus anchas devorando cualquier desperdicio de comida que encuentren a su paso. Juan  Salvador Gaviota aquí habría sido realmente infeliz, pues sus congéneres sacan su lado más carroñero desde luego.
Finalmente os hablaré del Kings Hotel, donde nos hospedamos. Intentando buscar algo asequible a nuestro bolsillo dimos con este Hotel de aire decadente y moqueta desgastada. Ante la estrechez evidente de la habitación estándar que nos ofrecieron, decidimos pagar una de categoría superior. Si tienes pensado alojarte allí, te recomiendo que no dudes en pagar 10 libras más porque a cambio obtendrás: 8 metros de habitación en lugar de 3, dos toallas (una de manos y otra de ducha) en lugar de una (sólo ducha), una habitación tranquila y cálida, en vez de una helada y ruidosa, un grifo monomando en el lavabo en vez de grifería de los 50, wifi en la habitación y sillones donde sentarte unos minutos. Nunca 10 libras dieron tanto de sí! El Hotel no tiene parking en el mismo edificio, así que tendrás que dejar el coche en un parking cercano (calcula unas 15 libras/día), pero como es zona de OTA no te queda otra alternativa.

Si no quieres desayunar en el Hotel (15 libras por persona), te recomiendo que vayas al restaurante Regency a pocos metros y al lado del parking público. El sitio conserva la misma estructura y diseño de finales del XIX, construido para que la mujer de un banquero pudiera disfrutar siempre de sus platos favoritos. Allí sirven unos desayunos ingleses dignos del mejor colesterol del mundo. Con 15 libras para dos personas habrás desayunado a lo Jorge IV!

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