29 jun. 2009

Carnac, impresionante


Digo impresionante, porque nunca jamás pensé que iba a ver lo que vi.

Si con algo disfruto en esta vida es tropezarme en mis viajes con retazos de viejos apuntes escolares. Y no hablo de lo aprendido en EGB (porque yo soy de las de EGB!) esos años pasaron sin pena ni gloria. Salvo, si cabe, el Padre Nuestro y el Ave María, que aprendí en mi etapa preescolar con aquella bruja, resultado de la educación franquista del momento. Todavía hoy me resulta sorprendente, que después de tantos años de educación laica, conserve en la corteza cerebral estrofas completas de estos poemas religiosos. Es toda una incógnita.

Pues hoy puedo y quiero reconocer, que la educación que recibí en el Instituto Público Virgen del Remedio, marcó enormemente el resto de mi vida. (para bien, pienso yo!) Hay profesores a los que nunca he olvidado, porque me enseñaron de verdad, porque aprendí mucho con ellos y les estoy muy agradecida. Quien me conoce, ya imaginará que soy incapaz de recordar sus nombres, pero si cierro los ojos, veo sus caras, sus gestos, su forma de dar clase, lo revivo todo sin ningún problema. Como veis, era una chica aplicada, que “disfrutaba” de mis estudios.

En especial me quedo con mi profesor de literatura, la tutora de francés y fuera de todo pronóstico, con mi profesor de Historia del Arte. Si mi memoria no me falla, su charla era bastante monótona, y nos metió en la cabeza tal cantidad de fechas, datos y nombres, que jamás pensé que fuera a recordarlos tan claramente.

Es por eso que cuando viajo, me asaltan informaciones almacenadas en mi memoria, como es el caso de Carnac. Cuando preparé este viaje lo hice de forma que Carnac entrara dentro de mi ruta, tenía que ir allí. Entre los viejos recuerdos sobre la prehistoria, siempre acuden a mi mente Lascaux, Carnac, Stonenhen o Altamira, entre otros muchos. Bueno, pues la imagen que yo tenía de lo que iba a encontrar allí, no tiene ningún parecido con la realidad.

Yo esperaba encontrar un centenar de menhires más menos, en un determinado orden. Y lo que vi cuando llegué, fueron varias alineaciones de menhires (exactamente 1.099) que ocupaban alrededor de un km de largo. ¿Cómo se digiere esto? Para mí el impacto visual fue tremendo, porque no lo esperaba, y mejor así.

Los niños no entendían porqué estaba tan entusiasmada por un montón de piedras colocadas en el suelo. Yo intentaba explicarles que después de veinte años (y más), estaba viendo lo que había estudiado en mis libros escolares. Intenté que fijaran la imagen en su mente, porque ellos iban a hacer el camino inverso, primero lo veían y luego lo estudiarían. Pero como suele ocurrir, no le encontraron mayor utilidad. Qué le vamos a hacer, son otros tiempos y hay otras oportunidades, qué maravilla.

Me ha encantado visitar Carnac, volveré, algún día volveré.

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