20 may. 2009

Cumpleaños feliz, entre agua, sol y tierra.


Hubo un tiempo en que yo, madre abnegada como pocas, me rompía la cabeza año tras año, para preparar a mi niño el cumpleaños más especial de su vida. Nunca me he arrepentido del esfuerzo y del trabajo que suponía, porque siempre me veía sobradamente recompensada.

Sin embargo, tengo un recuerdo muy especial de aquel soleado marzo del 2004. Aquel día, engañé a un par de padres y entre sus coches y los nuestros, empezamos a cargar niños y encomendamos nuestra alma al cielo ¡qué osados!

Eran las 10, cuando partimos hacia Kortezubi en tranquila caravana. Teníamos la estrategia bien diseñada: por la mañana un bonito paseo por el Bosque de Oma, comida en el merendero situado junto al parking de las cuevas de Santimamiñe y por la tarde, visita al refugio de animales de Basondo, allí mismo. El plan era perfecto, sólo tenía que salir el sol, y pasó lo increíble: lució el sol en Euskadi!!


Llegados al parking, cargamos con unas mochilas ligeras de peso (agua y algún tentempié que no recuerdo, la verdad) y empezamos a subir la cuesta. Los adultos, controlando la respiración, los niños, sin parar de hablar subían y bajaban durante un trayecto que a mí se me hacía eterno. Al llegar arriba, es cuando te das cuenta, de que el Bosque de Oma es especial, diferente y único. Algo tan absurdo como querer domar la naturaleza, se convierte en magia después de pasar por las manos del artista. Hay que sentarse, mirar y dejarse rodear de los colores. Cada visita es diferente, porque el bosque crece y se transforma.

(Después, aprovechamos la bajada para disfrutar del valle, que antes, con el sofoco de la cuesta, era absolutamente imposible!!).

Llegados al parking de las cuevas ¿o es el parking del Restaurante Lezika?, da lo mismo, nadie te cobra ticket. Andamos prestos a la busca y captura de un par de mesas soleadas en el merendero. Y fue como si hubieramos dicho una palabra mágica… “comida”. Todos a una, como Fuenteovejuna “¿cuándo comemos?”. Tú te empiezas a estresar, porque todavía te tiemblan las piernas por la subida al monte, y sin darte un respiro, tienes que empezar a llenar los platos que sacien el apetito voraz de la jauría ¿es que a estos niños no les dan de comer en casa? Empezando por mi hijo, claro!

En menos de diez minutos la comida ha desaparecido del plato, y la mitad de la jauría ya anda suelta por el parque tan curioso que tiene el restaurante.

Y en mitad de la digestión, cuando más tranquila estás, en la cháchara de la sobremesa, te levantas, te armas de valor y sales a buscar a los pequeños hombrecillos que se han dispersado convenientemente. ¿Quién viene a visitar los animales de Basondo? “yo, yo, yo”. Sólo unos pocos prefieren seguir embarrándose con el riachuelo que surge de las rocas.

A pesar de todo, estos niños son formales, (¿o es que les doy miedo? Nunca me lo he planteado…), se comportan como lo que son: curiosos, inquietos y buscando la aventura, pero con respeto (todavía no han llegado a la maldita adolescencia!). Disfrutan de la cercanía que les proporciona un parque que nació para cuidar y albergar, aquellas criaturas venidas a menos. El esfuerzo de sus trabajadores, se ve en el amor con el que hablan de sus animales, de cómo sacan adelante aquel centro.

Son las 6 de la tarde, y ya estamos comiendo otra vez. Toca la merienda, sandwichs, chuches y tarta ¿alguien da más? Se cierran las apuestas.

El día ha sido completo, nadie se ha roto ningún hueso, no ha habido peleas importantes, hemos agotado las provisiones: ¡Misión cumplida! La vuelta a casa es bien diferente, los niños están somnolientos y no nos llenan la cabeza con su gritos, así que volvemos con una sonrisa en los labios, sabiendo que cielo nos ha regalado un día espléndido que hemos sabido aprovechar.

Feliz cumpleaños mi niño!


2 comentarios:

  1. interesante blog para viajar con niños!

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  2. Sabes que ocurre, que he hecho tantas salidas con niños, para niños, pensando en niños, que de verdad me estoy pareciendo cada vez más a una mamma italiana!! Un abrazo!

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